El Concilio Vaticano II, convocado por el Papa Juan XXIII, con el fin de abrir las ventanas de la Iglesia al diálogo con el mundo moderno, sacudió a la Iglesia y a todas las Congregaciones Religiosas. Los hermanos maristas no fuimos una excepción, recibimos la invitación del Espíritu a emprender un proceso de “aggiornamento”, esto es, a renovarnos.
Entre los llamados más importantes a los que buscamos responder, estuvieron los de las misiones, las comunidades vulnerables, los jóvenes y los laicos.


En relación a las misiones, en 1971 enviamos un grupo de hermanos a Corea del Sur en el Asia y en 1992 a Tanzania, con el propósito de servir a los pueblos y a las iglesias de estos dos lugares y de inculturar el carisma marista. En Corea nuestra presencia se ha encarnado a través de proyectos educativos y evangelizadores de servicio a leprosos, a sordomudos, a huérfanos y a jóvenes y de acompañamiento de vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal. En Tanzania nuestra presencia se ha concretado en el establecimiento de una escuela secundaria general y una secundaria técnica agrícola. En ambos lugares le hemos apostado también a la promoción de vocaciones a la vida marista. Afortunadamente el Señor ha bendecido nuestros proyectos y después de varias décadas podemos agradecerle que, la obra marista en ambos países ha prosperado, que han surgido y se han consolidado vocaciones maristas locales y que nuestra presencia sigue produciendo frutos de Evangelio y de humanismo social.


En cuanto al servicio a las comunidades vulnerables, en 1961 fundamos la misión de Tarahumara y en 1962 la de Chiapas. A partir de esas fechas nos hemos hecho presentes a través de internados y escuelas entre los Triquis (San Juan Copala), los Mixtecos (Juxtlahuaca), los Zapotecos (Ixtaltepec), los Nahuas (Potoichán), los Tarahumaras (Sisoguichi, Chinatú, Kwechi, Creel, Norogachi), los tzeltales y tzotziles (San Cristóbal de las Casas), los tojol’ab’ales (Comitán). También nos acercamos a las periferias urbanas mediante el establecimiento de comunidades y escuelas semigratuitas o centros juveniles en las ciudades de México, Guadalajara, Monterrey, Mérida, Poza Rica, Tijuana, Ciudad Juárez, Mexicali, Irapuato, Querétaro, Sahuayo, Orizaba y San Luis Potosí. Asimismo, lanzamos en varios de nuestros colegios el proyecto GEM (Grupos especiales de Educación Marista) que busca atender a niños y jóvenes que padecen discapacidad y continuamos apoyando la red de escuelas populares del Patronato Nacional de Extensión Educativa. ¡Nuestra presencia cerca de los pobres ha sido una bendición; cuán cierto es que ellos nos evangelizan!

Nuestra opción por los niños y por los jóvenes la hemos concretado a través de colegios que van desde preescolares hasta universidades, pasando por los niveles de primaria, secundaria y bachillerato. Nuestra dedicación a niños en la etapa preescolar se inició en la década de los sesentas. Nuestra presencia en medios universitarios comenzó el año de 1969. Actualmente animamos o colaboramos en siete Universidades. Durante esta etapa 1959-1999 extendimos nuestra proyección educativa, (además de las poblaciones arriba nombradas, en las que también atendemos a niños y muchachos de clases medias) a nuevas ciudades: Guaymas, Apatzingán, Uruapan, Ciudad del Carmen, Celaya, Mochis, Teziutlán y Campeche. Buscamos responder a los signos de los tiempos renovando nuestros proyectos educativos, abriéndonos a la animación de escuelas mixtas, impulsando la catequesis, los movimientos apostólicos, la formación a la solidaridad y el despertar ecológico, actualizando nuestros libros de texto escolares, esforzándonos por hacer de cada comunidad educativa una comunidad de vida y de aprendizaje. Intentamos situar esta opción por los niños y los jóvenes en una perspectiva de Iglesia, colaborando con las diócesis y con otras congregaciones, sumándonos de manera modesta a iniciativas parroquiales, aportando en varios lugares a la formación de seminaristas y a través de nuestra participación en la CIRM y en la CNEP. ¡Desde estas páginas damos gracias y saludamos a nuestros alumnos, exalumnos, padres de familia y maestros que, en diversos grados, se han desvivido por llevar adelante la causa de la educación cristiana!
La misión compartida con los laicos, ha sido otro llamado que inició su aparición en esta época, como resultado de la escasez vocacional y el envejecimiento de las vocaciones maristas, pero también como consecuencia de la toma de conciencia de una Iglesia comunión que reconoce la complementariedad de los carismas y la igual dignidad de todos los miembros de la Iglesia. La respuesta a este desafío se ha expresado de diversas maneras: atención a la formación integral de maestros, invitación a que asuman puestos directivos en los colegios y en los organismos animadores provinciales y de manera señalada, el nacimiento en 1986, del Movimiento Champagnat de la Familia Marista que agrupa a laicos que desean vivir su camino cristiano desde la espiritualidad de Marcelino Champagnat; estos laicos se han organizado en fraternidades que se reúnen mensualmente y tienen un encuentro nacional una vez al año. Con diferentes expresiones hemos manifestado la germinal toma de conciencia y puesta en marcha de este llamado que esperamos que en el futuro se fortalezca: “¡Ha sonado la hora del laico!”, “¡Ensanchemos nuestra tienda!”, “¡Caminemos juntos, como maristas de Champagnat!”.
Que María, nuestra Buena Madre y nuestro Recurso Ordinario, que “lo ha hecho todo entre nosotros”, ¡continúe inspirando y guiando nuestro caminar!
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