Carisma Marista
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     Al hablar de carisma hacemos referencia a las gracias especiales que el Espíritu confiere a los creyentes y que definen una vocación específica en la comunidad para el servicio del bien de los hombres y mujeres. El carisma marista se nutre de la pasión por Dios y la compasión por los hermanos. 

     Junto con las demás ramas de la Sociedad de María, queremos Seguir a Jesús como María. El amor por Dios y su evangelio nos impulsan a construir el reino de Dios cada día. Contemplamos a María como discípula perfecta de Jesús y queremos hacer nuestros los rasgos de su seguimiento, especialmente la humildad y sencillez. En nuestra vida nos esforzamos por sentir como María, pensar cómo María y actuar como María. Desconocidos y como ocultos en el mundo, construimos una Iglesia con rostro Mariano.

     Como discípulos de Champagnat, queremos vivir en presencia de Dios. Descubrir, día a día el rostro de Dios que sale a nuestro encuentro, contemplar a Dios en todas las cosas, por ello nos esforzamos por vivir el silencio y el discernimiento, como María. De igual manera somos sensibles a las necesidades de los pobres, especialmente los niños y jóvenes. Esta sensibilidad nos revela nuestra misión: Dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar. 

     Como María de Nazaret valoramos especialmente el espíritu de familia. Construimos comunidades y grupos de referencia fraternos, donde cada persona pueda ser auténtica y sentirse acogida.

     En nuestra oración recogemos nuestras alegrías y dificultades, junto con las de las personas que nos rodean y disponemos nuestro corazón para descubrir la voluntad de Dios y colaborar con ella.

     Desde nuestro propio estado de vida, ya sea como Religiosos o como Laicos nos ponemos al servicio de los demás. Los religiosos con la libertad que les da la consagración religiosa se comprometen con la educación cristiana, la pobreza, la castidad y la obediencia que les permiten ir a los más pobres, a zonas de frontera tanto geográficas como existenciales. Los laicos desde su inserción cristiana en el mundo, se preocupan de vivir el evangelio en su entorno y atender a los marginados con los que se encuentren. Juntos, laicos y hermanos, nos comprometemos en la educación cristiana de los jóvenes y niños y la defensa evangélica de sus derechos.