ESMERALDA CAUDEL, DE MÉXICO, LLEGA A LA COMUNIDAD LAVALLA200> DE MOINESTI

La comunidad Lavalla200> de Moinesti, en Rumanía, tiene un nuevo miembro, Esmeralda Caudel, una voluntaria de la ciudad de México, de Guadalajara, que ahora forma parte de la comunidad junto a los hermanos Mario Meuti y Fabián Rubio Navarro (Mediterránea). Esmeralda ha sido enviada a Moinesti luego de casi un año de espera, tras haber terminado su curso de preparación para formar parte del Proyecto LaValla200>. La pandemia ha retrasado y alterado muchos de sus planes, pero no su deseo de ser parte de esta comunidad marista.

En Moinesti no solo ha crecido la comunidad, sino también el Centro de Día, que ahora tiene 14 niños y otros en lista de espera. Los espacios y las medidas preventivas frente a la COVID-19 no permiten actualmente más niños, pero es sobre todo la responsabilidad de garantizar itinerarios educativos personalizados para cada beneficiario la que recomienda considerar el aspecto numérico.

Los niños van al Centro directamente desde la escuela. Y luego de una comida caliente, les ayudan a hacer sus tareas y otras actividades educativas que les permitan desarrollar diferentes habilidades básicas, además de tener un tiempo de juego organizado y ocio.

A continuación, presentamos el testimonio de Esmeralda

“Cuando escuche hablar del voluntariado marista, un anhelo muy fuerte movió mi corazón y mi situación personal en aquel momento (en 2019 cuando hice mi primer voluntariado), me llamaba a cambiar de rumbo, a retomar el sentido de la vida y replantear todo lo que me había fijado en mi proyecto de vida personal, necesitaba encontrar el camino de regreso a la casa del padre, tal como lo hizo el hijo prodigo.

Así, que nuestro padre-buena madre y el Espíritu Consolador, se han valido de mi y de mi historia para removerme de mi frontera (limitada y cómoda) para salir al encuentro de otros hermanos, que hablan otro idioma y que viven un situación muy distinta a la mía, culturalmente hablando, pero muy similar a la vez, cuando se trata de hablar de las batallas y heridas en nuestro paso por este mundo.

La situación particular que viven los niños en Moineşti, llamó fuertemente mi atención, ya que varios de ellos son criados por sus abuelas. Sus padres se han visto forzados a migrar a otros países, con la intención de mejorar su situación económica, aunque varios de ellos no han regresado por varios años ya, y otros no conocieron siquiera a sus padres biológicos.

Finalmente, como dicen mis hermanos, el lenguaje del amor resulta ser universal. Quizá en este momento aún no pueda comunicarme del todo con los niños del Centro de Día o con la gente que me rodea, pero me doy cuenta pues que el simple hecho de estar ahí para ellos y ayudarles en lo que pueda, me devuelve el sentido del ser y estar. Siempre he entendido que hacer un trabajo voluntario recrea una situación de sanación de ida y vuelta. Si estoy dispuesta a hacer un servicio, por más insignificante que parezca, Dios, nuestra Buena Madre y el Espíritu creador se encargan de ir sanando los corazones, devolviendo la pureza y la dignidad que nos da ser sus hijos (el llamamiento de nuestra vocación primera) y por tanto hermanos y hermanas de todos en cualquier lugar del mundo en el que nos encontremos, intentando siempre hacer el bien y deseando reflejar el amor de Dios a cada uno de ellos”.

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