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María de los Angeles Noriega, nuestra conocida y querida Lita
Sabemos que en nuestra Provincia hay personas muy valiosas, tanto hermanos como laicos, que testimonian con su vida el legado de San Marcelino.
En este espacio les presentamos el TESTIMONIO MARISTA de una persona que ha dado mucho a la Provincia, y más aún, se ha dado a sí misma, trascendiendo al Instituto y contribuyendo con su testimonio de vida a la fundamentación del documento “En torno a la misma mesa. La vocación de los laicos maristas de Champagnat”.
Lita colabora actualmente como secretaria de los asuntos provinciales y de las áreas de educación y pastoral del Centro de Animación Marista.Como riqueza de nuestra Provincia, también compartieron su testimonio dos personas más, por lo que nos sentimos muy orgullosos y expresamos nuestra felicitación. Ellos son: Patricia C. Ríos y Luis Humberto Medrano.
Testimonio Marista: María de los Angeles Noriega
México Occidental - Jalisco – México.
Fue a principios del mes de septiembre de 1970, cuando por recomendación de una amiga, religiosa de las Hermanas Catequistas de Jesús Crucificado, entré a trabajar con los Hermanos Maristas, como secretaria, en un nuevo proyecto: “Comisión de Apostolado”.
Yo había tenido contacto con los Maristas, pero más bien de nombre, porque dos hermanos míos estudiaron en el Colegio Cervantes y un amigo de ellos y mío, ingresó al Instituto, aparte de que el colegio que tenían en Guadalajara, quedaba justo contra esquina de donde nosotros vivíamos.
Han pasado 39 años de aprendizaje, cariño, apoyo, oración, acompañamiento, tristezas y alegrías, experiencias enriquecedoras que me han llevado a conocer El Hermitage, en 4 ocasiones y me siento tremendamente afortunada, de conocer lo que San Marcelino hizo con la roca, de caminar por los caminos que él recorrió, por las casas que él fundó.
He conocido su vida, de sencillez, la fortaleza que tuvo, de una alma frágil convertido en un espíritu fuerte, entregado, que no se doblaba ante la adversidad ni ante las limitaciones suyas ni de su entorno, gracias a su amor a Jesús y María, amante de las necesidades de los más débiles: los niños y los jóvenes, de los que no los conocían y por los que el luchó para que los conocieran y los amaran.
Algo que a mí me llegó y me impactó fue el cementerio, “el lugar de la fidelidad”, de todos los Hermanitos que fueron fieles al espíritu de Marcelino y es algo que siempre he llevado en mi corazón: ser fiel a mis creencias, a mis sentimientos, a mis responsabilidades a mis ideales y al amor de Jesús y María.
Me tocaron los inicios del Movimiento de la Familia Marista y del acercamiento de los Hermanos con los laicos-hermanos; el espíritu de familia que se empezó a desarrollar no solamente dentro de las comunidades, que yo me di cuenta, sino también en los colegios y entre todos los colegios que conforman la provincia de México Occidental; los cursos de Dinamización, que nos sensibilizaban al espíritu de Champagnat, a vivir en fraternidad, con sencillez, alegría y entrega. La inquietud de un nuevo Instituto formado por Hermanas Maristas de Champagnat.
Había semanas de oración “Lectio Divina”, en la que nos enseñaron y me enseñaron en lo personal a vivir un poco más en la presencia de Dios, en las que vivíamos días de silencio y oración profunda, de encuentro con Dios y con nosotros mismos, en donde cargábamos baterías para salir a la realidad del mundo, a enfrentarlo con fe y alegría, esperando el tiempo de la nueva Semana de Oración, tratando de llevar una oración profunda y continua diaria y si no tenemos tiempo, pues la oración del Peregrino Ruso: “Señor, Hijo de David, ten piedad y misericordia”, como letanía.
Yo quizá no pueda hablar mucho sobre la educación de los jóvenes, porque nunca he impartido clases ni he tenido mucho contacto con ello, pues siempre he estado más bien en lo secretarial, pero sí siento que aún cuando no esté en un salón de clases, el deseo de Marcelino de ayudar a los niños, a los jóvenes, lo puedo aplicar en mi entorno: Tener a María como modelo y Primera Superiora del Instituto, lo cual para mí sería en mi corazón, reforzando lo que aprendí cuando estaba en el colegio, ofreciendo flores y cantos a María en el mes de mayo, con versos y pensamientos que se han quedado grabados en mi corazón, como el siguiente:
“ Si llevo en mí tu imagen esculpida
no pasaré yo sola por la vida,
pasaremos las dos, tan pura iré
humilde y recogida Virgen Santa
y a Ti tan parecida
que pensarán en Dios".
Han pasado muchos años y he visto a muchos hermanos que se han ido al llamado de Dios y otros, buenísimas personas, que han decidido dejar el Instituto, sin que por ello, hayan dejado de pertenecer a los Hermanos, el espíritu de Marcelino lo tienen marcado en el corazón y otros más, que aún están viviendo y luchando, porque el espíritu de Marcelino siga adelante, crezca y sea conocido en todo el mundo. De todos he aprendido algo, a todos les tengo que agradecer apoyo, comprensión, enseñanza, cariño fraterno, paciencia, con todos he sufrido y gozado como si fueran mi familia, pues los vi y veo crecer.
El futuro y mi deseo es que la Familia Marista siga creciendo, que todos los que trabajamos con los Hermanos, tengamos muy presente el carisma de Marcelino que lo hagamos vida y extensivo no solamente en los colegios, sino también en nuestro entorno, que Jesús y María estén siempre presentes en nuestras vidas y que quien nos mire, diga “Ved cómo se aman” y al ver la fraternidad que existe entre nosotros, aumenten las vocaciones de hermanos y seglares para que se haga extensivo el Reino de Dios, haciendo que el Instituto de los Hermanos Maristas llegue a todo los rincones del mundo, cumpliendo con el sueño de Champagnat: “Un corazón una misión”.
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María de los Ángeles Noriega, Guadalajara, Jalisco, México
Provincia Marista de México Occidental
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