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El pasado 28 de enero el H. Miguel Ángel Santos Villareal dio la bienvenida a los padres de familia reunidos en loma bonita para el Primer Congreso para Padres de Familia, organizado con mucho esmero por el equipo de psicólogos de todas las instituciones educativas de Guadalajara.

A continuación se presenta las palabras que el Hermano Provincial dirigió a los asistentes:

En nombre del Comité organizador de este Congreso, ¡Quiero darles la bienvenida! Es bueno constatar que somos muchos los que nos hemos dado tiempo para atender algo que consideramos importante: Los hijos; personas que amamos; que nos dan alegrías; que nos impacientan; y que, de pronto, no entendemos… o que no conocemos…del todo.

La lengua española nos da oportunidad de expresar con precisión nuestro estado de ánimo. Contamos con innumerables palabras para describir un estado de ánimo. Si ordenamos estas palabras por la intensidad de lo que expresan, nos encontramos con un continuum de significados que expresan intensidad.

Apático – Interesado - Preocupado – Desconfiado - Inquieto – Temeroso – Aterrorizado. Además, le podemos añadir unos cuantificadores: Mucho, Poco, Nada, Totalmente…

Apático: Yo no vine, me trajeron.
Interesado: Platicaré con otros papás, a ver cómo le hacen.
Preocupado. Con frecuencia, no sé cómo actuar. 
Desconfiado. Educar a mis hijos como me educaron a mí, ya no funciona.
Inquieto: Me insisten que lo lleve con un psicólogo ¿Qué le ven que yo no le veo?
Temeroso: Tanto silencio me hace sospechar que esconde algo.
Aterrorizado: ¡Los doctores nos la salvaron! Pero, me angustia saber que podría intentarlo otra vez.

¡Bienvenidos a este Congreso!

¿Cómo estás? ¿Qué te dices a ti mismo en tus diálogos internos? ¿Por qué te sientes así? ¿Estás aquí para prevenir o para remediar? ¿Qué esperas que pase en este congreso? ¿Estás dispuesto a cambiar algo en tu vida?

Ojalá todos tengamos preguntas. El que pregunta busca y el que busca, encuentra.

Nadie llega a este Congreso en cero. Estoy seguro que ustedes como, educadores certificados por la universidad de la vida, cuentan con excelentes credenciales y saberes:

Entienden a la perfección:

Que el amor crea un ambiente educativo que transforma.
Que Las recetas raramente funcionan;
Que lo que funcionó con un hijo, no funciona con el otro
Que es fundamental poner el ejemplo, pero eso no basta
Que tu familia ya no tiene muros protectores.
Que tu hijo sabe muchas cosas que tú ni te imaginas

Me atrevo a decir que todos han aprendido a educar usando el método “por ensayo y error”. Al tanteo.  Después de todo, así fuimos educados por nuestros padres y, digamos que funcionó.

Pero ahora, pareciera que ese método es mucho más limitado que antes. Nuestros muchachos están viviendo muchas experiencias que nosotros no tuvimos. No basta con educar al tanteo, no basta quererlos, no basta con dedicar una buena parte del presupuesto familiar en sus necesidades y gustos.

Y es que ahora contamos con un problema adicional en la educación. En las generaciones pasadas, el reto educativo era acompañar a una persona que cambiaba: dejaba la niñez para alcanzar la adolescencia; dejaba la adolescencia para alcanzar la juventud y dejaba la juventud para alcanzar la madurez. En esa trayectoria, cada etapa contaba con sus retos, sus riesgos, sus obstáculos y sus problemas.

Todos los agentes de la educación: padres de familia, profesionales de la educación, Iglesias y sociedad en general, apuntábamos hacia el mismo fin, teníamos el mismo discurso y alabábamos la meta: Una persona madura, adaptada, familiar, etc.

En Africa visualizaron esta percepción con un dicho muy famoso:
Para educar a un niño, hace falta la tribu entera”.

El problema adicional que nos ha tocado enfrentar, es que los miembros de nuestra moderna tribu ya no educamos hacia la misma dirección.  Hoy, es posible que una chica de 15 años ignore a sus padres que le dicen que ni siquiera tenga novio; pero en la escuela podrá escuchar de su maestra que lo importante es “cuidarse”, y además, le enseña cómo hacerlo; Por la noche verá el noticiero que los partidos políticos, expertos en el tema, presionan para que se defienda el derecho a explorar otras posibilidades de vivir en pareja y formar una familia, incluyendo con hijos; su tía, aguerrida activista, la invita a manifestarse a favor del aborto, porque “la única dueña de su cuerpo es una misma”; en la intimidad de su cuarto, se conectará con sus amigos secretos de internet quienes le proporcionan sitios donde se abordan esos temas, con atractivas teoría esotéricas alejadas de los dogmas religiosos y filosóficos que ya nadie cree, ni vive.

¿A quién hacerle caso? Y no faltará la amiga que le sugiera con audacia: Hagamos lo que nos venga en gana, total, ¡No pasa nada!

Si acompañar a los niños y adolescentes en su proceso de crecimiento hacia la madurez humana, era ya un gran reto, actualmente con los cambios tan radicales que está sufriendo la sociedad actual, la educación de las generaciones emergentes se ha convertido en un reto extraordinariamente complejo.

Vivimos en una sociedad que se enfrenta a un cambio de época. Tal cambio implica una profunda reestructuración social que afecta todas las instituciones que componen la sociedad. Esto, arroja a nuestros hijos y estudiantes a un mundo donde todo está cuestionado y en crisis. Todo se replantea desde la raíz: formas de pensar se hacen obsoletas; creencias religiosas empiezan a extinguirse; valores de nuestra cultura son motivo de burla; la autoridad institucional se cuestiona. Pero, al mismo tiempo, brotan con fuerza otras maneras de pensar, otras religiones seculares, imitamos lo peor de otros usos culturales y la moda, sea de cualquier tipo, se convierte en una autoridad autoritaria.

A mi generación le vienen bien las palabras de Benedetti: “Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto cambiaron todas las preguntas”.

Guste o desagrade, nuestros hijos están creciendo, entre las ruinas de antiguas certezas, y precisamente por ello, nos necesitan más lúcidos que nunca. El Padre de familia debe comprender a profundidad la verdadera identidad de la persona humana y la dinámica de sus procesos, junto con el sentido último de su existencia. Y mejor, si ese dato proviene de la revelación cristiana.

Sabemos que educar es hacer operativa una filosofía. Es preciso salir del desconcierto y responder juntos: ¿Qué somos los seres humanos? ¿Para que vivimos? ¿Qué nos orienta a comportarnos de determinada manera? ¿Merecemos un respeto absoluto?

Padres y educadores hemos de estar de acuerdo en nuestras búsquedas y replanteamientos filosóficos para entender de la misma manera: Qué es la persona humana; Cuál es la finalidad de la vida; Cuál es el comportamiento ético que conduce a las personas y a la sociedad a la plenitud. ¿A quién queremos educar?

Además de construir juntos una visión de la persona humana y de la sociedad, hemos de actuar al unísono a la hora de educar, usando los mismos métodos, estrategias y herramientas para ser eficientes, para no contradecirnos; para no confundirlos. ¿Cómo queremos educar?

Hoy no podemos educar predicando certezas, lo más sano es educar para aprender a moverse en la búsqueda, conviviendo con la incertidumbre que precede al descubrimiento

Educar buscando es sinónimo de educar dialogando. Más que enseñar para recordar, eduquemos para buscar. Eduquemos acompañando la experiencia del descubrimiento.

En tiempos de búsqueda, el educador sabio es el que sabe dialogar y acompañar ¿Qué es lo que educa?

Hace unos días fuimos testigos de una lamentable tragedia en un colegio de Monterrey.  Pocos días después una chica norteamericana de 14 años se quitó la vida transmitiendo en vivo su suicidio. En ambos casos, surgieron las mismas preguntas: ¿Por qué lo hizo? ¿Qué fue lo que originó esta tragedia? Nos tomó de sorpresa. ¡Nunca antes había sucedido! ¡Se comportaba un poco raro, pero jamás notamos la gravedad de su estado!  

Si somos tan sinceros como conscientes, tanto los educadores profesionales como los padres de familia actuales, hemos de reconocer que, en muchos momentos y situaciones, existe en el fondo de nosotros mismos, un sentido de inadecuación cuando interactuamos a profundidad con nuestros muchachos.

Nuestro mundo ha cambiado tan profundamente y tan rápidamente que quienes ha nacido recientemente, nos resultan difíciles de comprender.

Hay muchas partes de su mundo que francamente no las entendemos. Me refiero a ciertas ideas, ciertas actitudes o ciertas posturas que nos dejan inquietos y preocupados.  ¿Dónde viven nuestros hijos?

La crisis de la educación actual, y este es el planteamiento, tiene cuatro cabezas:

  1. Es una crisis de filosofía ¿A quién queremos educar?
  2. Es una crisis de metodología. ¿Cómo queremos educar?
  3. Es una crisis de comunicación. ¿Qué es lo que educa?
  4. Es una crisis de cambio de paradigma social. ¿En qué mundo estamos?

Y ante esta crisis, es imprescindible crear una fuerte sinergia entre padres, madres y educadores y responder muy en consonancia a las 4 preguntas anteriores.

 

H. Miguel Ángel Santos Villareal
28 de enero de 2017