/interioridad

Del 12 al 14 de enero, se realizó en la casa de la Chona, un taller experiencial de Interioridad en el que participaron 29 personas de diferentes instituciones de la Provincia. Lo dirigieron Cecilia Estrada, Armando Flores con el apoyo de Gabriela Gutiérrez.

El taller fue abierto a cualquier persona que quisiera tener esta experiencia de contacto con su Vida interior.

A continuación Juan Carlos, uno de los participantes, nos comparte su vivencia.

Ante el reto de elegir un nombre para la vivencia que nos propondrían y que, eventualmente, nos permitiría atisbar, -acaso intuir apenas-, la riqueza personal que a cada uno nos habita, los coordinadores de nuestro retiro optaron por el sencillo expediente de describirla antes que buscarle un título convencional: sería, sencillamente, una experiencia de interioridad.

Cada momento de nuestra estadía en La Chona, sintiendo en carne y  huesos el frío propio de la  mitad de enero, pero animados con cada actividad y en cada pausa, arropados ya por la generosidad de los demás, ya por su disposición para el encuentro, íbamos penetrando, sin prisa pero sin pausa, el insondable  misterio  que nuestro corazón alberga. Validábamos, en primera persona, la sabiduría indígena que ya desde el saludo se desvela: Yo soy otro tú, tú eres otro yo.  Desaprender lo aprendido era la premisa que nos invitaba a enfocar la realidad con una mirada nueva y diferente. El itinerario propuesto era el largo camino que va desde afuera hacia nuestro mundo interior y que nunca terminará de completarse. El precio convenido del peaje era el silencio.

Reconciliarnos con nuestra corporeidad y tomar conciencia de esta realidad evidente que tantas veces dejamos de reconocer, caer en cuenta de que somos cuerpo, fue el primer paso de este viaje fascinante. Sentirlo, escucharlo, reconocerlo como un traje hecho a la medida de nuestra alma y nuestra mente, abrió la puerta para ir aún más lejos. Vendría después la conciencia de lo mucho que importan -y nos aportan- las sensaciones, los sentimientos y las emociones. Traer al presente innumerables hechos de nuestra historia personal que creíamos archivados y olvidados confirmó lo que ya intuíamos: que quien olvida su historia la repite pero quien la integra cabal y valientemente a lo que es, retoma su camino aligerado.

En este punto del camino se hicieron patentes la autonomía, la responsabilidad y la libertad personales como frutos de nuestra interioridad. Somos hijos de nuestras decisiones. Elijamos, entonces, la verdad que nos libera. ¿Descubrimientos? ¡Muchos! En el proceso de nuestra humanización, Dios se hace presente. Dice bien san Irineo: “La gloria de Dios es el hombre vivo”,  pleno, feliz…humano. La Gracia no destruye la naturaleza sino que la perfecciona. Y en este continuo ir y venir de afuera adentro, descubrimos que el verdadero encuentro entre personas se da sólo cuando una y otra se han encontrado a sí mismas previamente. La interioridad y la espiritualidad se traslapan y en ese espacio único surge la conciencia de que somos profundamente amados. En Él existimos, nos movemos y somos. El Amor es la única posibilidad de redención para el Mundo. Dice Boff: Todo lo que trasciende sucede en el amor.

Hemos atestiguado que es posible tocar el corazón del otro, porque hemos dejado a los otros  tocar el nuestro. De Tijuana a Mérida, la provincia entera ha iniciado esta travesía. Gracias Gaby, Ceci y Armando, convencidos promotores de estos mundos olvidados. Gracias, Padre: tu amor responde todas las preguntas. Que amemos como amas y digamos con Pedro Casaldáliga: "Al final del camino me dirán: -¿Has vivido? ¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres”.

Escrito por: Juan Carlos Balderas