Retiro de Comunidades Laicales Maristas en Tijuana

Domingo 27 de diciembre. Era un día nublado y con pronóstico de fuerte lluvia en la región. La noticia no desanimó a las dos comunidades laicales maristas a hacerse presentes a temprana hora en el colegio para abordar el camión y partir para vivir nuestro retiro en La Misión. Bien abrigados, papás e hijos, iniciamos el viaje.

Durante el trayecto, Jazmín complementó el ambiente de alegría que nos caracteriza con un par de juegos que agregaron sabor a la convivencia. Las “azafatas” en el autobús iniciaron la repartición de burritos con un jugo para desayunar en el camino. Y así, con mucha alegría, arribamos al lugar de encuentro. Cuco ya nos esperaba junto con Rosita que ayudaría en la cocina.

Empezamos en la gran sala de la casa. Papás e hijos iniciamos la reflexión con el video del hermano Emili Turú en el que se nos explica el simbolismo que guarda la casa de La Valla en sus tres niveles: interioridad, fraternidad y misión. Cuco nos invitó a tener un momento de interioridad, disfrutando de la naturaleza y contemplando la obra de Dios. Después, compartimos lo vivido. Niños y adultos prestos expresaron su vivencia. La diferencia de edades no parecía ser un obstáculo para abordar este tipo de temas.

En un segundo momento, reflexionamos en la fraternidad. Lo hicimos subiendo un cerro en el que en la punta hay una cruz. Platicamos en familia sobre nuestras esperanzas y nuestros retos. La caminata en ascenso simbolizaba la alegría de peregrinar juntos al encuentro con Dios. Al llegar arriba, no dudamos en tomarnos la foto del recuerdo. También escribimos en un papel pegado en la espalda las cualidades que veíamos en cada uno. Y así, alegres, descendimos y tomamos un refrigerio.

El tercer momento consistió en pensar en la misión que tenemos como comunidades maristas y familias. Para ello, después de observar nuestros dones personales y grupales, y poniendo en juego nuestras habilidades para trabajar en equipo, nos reunimos para compartir en dos grupos. Uno de papás y otro de hijos. Compartimos el apostolado en el que se concretaba el compromiso cristiano de la comunidad. Una comunidad expresaba que ha realizado obras asistenciales según se van presentando necesidades durante el año. La otra comunidad, ha tomado como compromiso la animación de una misa para niños los sábados por la tarde. Por su parte, los hijos expresaron su deseo de tener la oportunidad de servir en un asilo de ancianos.

Gracias Cuco y Ana Jazmín por aceptar el reto de conducir un retiro en el que la dinámica en si misma acogía a niños, adolescentes y adultos a vivirla juntos. Gracias por facilitarnos un encuentro personal con Dios, con la familia, con la comunidad y entre comunidades. Gracias porque desde la sencillez de las actividades nos permitieron entrar en lo profundo con alegría.

Que Jesús, María y Marcelino nos acompañen para seguir descubriendo la misión que nos tiene preparada.